El hippie corporativo
Incoherente, tembloroso, sacó un trapo y se lo puso en la cabeza.
Apretó sus labios y con un gesto amistoso y global fingió tener la mirada perdida.

Me habló de la vida, sus ideales, objetivos y negocios durante varios días hasta que finalmente, logré retratarlo. Él mismo me pidió que cortara sus pies pues no logró decidirse sobre cuál de todos sus calzados vestir. 

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